miércoles, 16 de diciembre de 2015

El artista de la filigrana


Escribe: Luis A. Castro Gavelán

Escasos días faltan para la culminación del 2016. Mi tema esencial es el reconocimiento a un artista monsefuano, pero no puedo evitar glosas sobre lo que acontece en Monsefú. Es verdad que se notan algunos cambios en Monsefú, que vamos allanando caminos, pero da la sensación que nuestro alcalde aún sigue en deuda. Tal vez la valla es alta, pero los pergaminos que lo anteceden nos hacen exigirle mucho más.
Creemos en usted doctor Bartra, y nuestra recomendación es intensificar su labor contra la inseguridad, concretar las promesas que le faltan y recuperar el terreno perdido por Monsefú, como consecuencia de las funestas gestiones de los dos últimos alcaldes. Le sugiero hacer una alianza con todos los propietarios de restaurantes y que ellos contribuyan a mejorar el sistema de seguridad. La ciudad se beneficia, y esa tranquilidad pública redundará en más comensales.
El próximo año usted tiene un reto, impulsar el Fexticum. Este año dicha festividad ganó a nivel publicitario algunos puntos, pero económicamente debe rendir réditos, no deudas. A propósito de esta fiesta de la tradición y el costumbrismo peruano, queremos reconocer en esta nota a un artista monsefuano que expande su fama, toda una fúlgida figura.
El 2015 ha sido el tiempo de la consolidación de Feliciano Salazar Liza, el hombre que acrecienta su reputación labrando el oro, la plata y otros metales. Su exquisita técnica, la creatividad que hace gala para diseñar, labrar y pulir sus productos lo han catapultado al mundo de los orfebres más reconocidos del Perú con proyección internacional. Cada joya que produce tiene reflejada esa característica intrínseca que lo ha llevado incluso a exhibir su arte en México, España, Alemania y otros países.

El pavo real, un arte de filigrana, un trabajo de ensueño

Enseñoreado con el mundo de la filigrana, ocupó el segundo puesto de un concurso nacional organizado por el Patronato Plata del Perú. “Me inspiré en un pavo real, y logré consolidar mi objetivo. Utilicé 900 gramos de plata y conseguí un diseño que me hizo ganar la segunda posición de una competencia con cientos de concursantes”. La figura de un pavo real con las alas extendidas fue sinónimo de una ornamentación que rubrica la laboriosidad de su arte. Detrás de esa pieza hay una historia que la escribieron sus maestros de Catacaos, aquellos que continuaron aplicando las técnicas que nació en la Mesopotamia, y que la perduraron orfebres etruscos, griegos, chinos y artesanos de India.

Las manos negras, las manos de un forjador
Durante nuestra entrevista la satisfacción embargó su rostro. Siempre sonríe, pues afirma que su trabajo le permite disfrutar de la vida. Todas las alhajas que hace en oro, plata, bronce y cobre rojo llevan su signo personal. No tiene herramientas especiales. Solo unos martillos con los que da forma a sus moldes, luego forja, labra, pule y engarza con sutil movimiento.
Por encargo de museos nacionales y extranjeros ha hecho réplicas del Sr. de Sipán. Gracias a su profesional labor ya ha tomado parte de eventos internacionales e incluso ganó premios, como aquel que aconteció en Zacatecas, México.
Feliciano vive feliz, hace honor a su nombre, y afirma que aún no ha tocado techo, que todavía tiene otros proyectos que cumplir. Cuando visitamos su hogar, lo encontramos inspirado, golpeando y dando forma a una pieza de cobre, con sus manos negras, pero duchas y hábiles. Decía el célebre Picasso que “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Y así hallamos a este ilustre monsefuano, forjando su arte y acompañado de su orgullosa esposa, quien asegura que, el Feliciano de toda su vida, seguirá dando lauros a Monsefú. (LCG)

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