viernes, 28 de agosto de 2020

La muerte de Higinio Capuñay, el monsefuano triunfador

 Escribe:

Luis Castro Gavelán

La muerte es la compañera final. Y esa infausta etapa del organismo vivo le ha bajado el telón al monsefuano más exitoso del campo empresarial y de las telecomunicaciones. Higinio Capuñay Sarpán, el propietario del conglomerado de medios de comunicación: Exitosa y La Karibeña, ha partido a la edad de 71 años.

A la edad de 71 años Higinio Capuñay ha dejado de existir. En la gráfica durante mi primer matrimonio, junto a Elmer Yaipén y los chicos de "Grupo 5". En la otra vista Higinio está con su esposa Elsa.

Su inteligencia y sapiencia para los negocios pude conocer de cerca cuando trabajé a su lado entre los años 1986 y 1995. Fue un maestro para discernir qué inversiones hacer. Su escasa educación nunca fue un impedimento para exhibir ese olfato de hombre de negocios, de predestinado para hacer de la nada todo un emporio de las telecomunicaciones a nivel nacional: radios, canales de televisión, periódicos.

Lo conocí en 1984. Tenía una imprenta gráfica en el distrito de San Luis. Yo trabajaba en el diario “La República”. Nos reunimos varias veces para planificar actividades que redundarían en la construcción del “Arco de Monsefu”. Junto a otros buenos monsefuanos organizamos la “Asociación Progresista Monsefuana” e Higinio fue parte vital. Apoyó económicamente, hizo suyas las tareas sin alharacas y a pesar de ser un empresario exitoso dio muestras de humildad, de amor por su tierra y de mucho compañerismo.  

Señalado con una flecha amarilla, Higinio Capuñay juramenta como directivo de la Asociación Progresista Monsefuana.

En noviembre de 1986 renuncié a “La República” y acepté trabajar a su lado. Era un hombre de pueblo y por eso sabía que podía aprender mucho con él. Higinio estaba familiarizado con el hambre y la miseria, y cuando un ser humano tiene experticia en estos avatares, posee otro tipo de riquezas. Se hizo solo, me contó todas sus penurias y la pobreza extrema que vivió cuando llegó a Lima. Trabajó como obrero en La Parada, distrito de La Victoria, y cuando le dieron la oportunidad de ser operario en una pequeña imprenta, supo que ese era su destino. Creció en ese rubro y con libérrimas ideas llegó a niveles insospechados. Me trató como el hijo mayor que no tenía. Esther, Lalo, Karen, Robert, Evelyn eran niños. Yo despachaba en su oficina, puso su escritorio junto al mío y a veces me sentía atafagado con sus actos de cortesía. Cuando me casé por primera vez, coordinó con Elmer Yaipén  y el “Grupo 5 “ amenizó gratuitamente mi fiesta matrimonial.

“Cada persona tiene su propio valor” me decía en su parresia plática. Recuerdo que los sábados era fecha de pago e íbamos al Banco Industrial, que quedaba cerca de Hiraoka, en el centro de Lima. Al salir de la oficina bancaria escondíamos los fajos de dinero debajo de la ropa, en la cintura . “Actúa de manera natural, esgrimía, de lo contrario los “choros” se van a llevar los salarios de los casi 90 obreros que nos están esperando”. Entonces me invitaba un jugo de naranja donde el carretillero de la esquina y así, disimulando, tomábamos el taxi de retorno.

         Jóvenes trabajadores de editora "Universal"  durante un evento de camaradería. Año 1989.

Con su anuencia editamos por varios años la revista regional “Líder”, de la que fui su director. Luego me encomendó iniciar los trámites para conseguir la licencia de radio “Universal”, que posteriormente se convirtió en “La Karibeña”. El primo “Koko” Urbina, amigo personal, fue quien le metió el bichito de involucrarse en el mundo de la radio. Este locutor gozaba de cierta fama animando un sintonizando programa en la otrora Radio R-700.  Higinio siempre dominó  habilidades especiales, fue el gestor, el idealista y el precursor de un emporio que se ganó las consideraciones a nivel nacional. Radio Exitosa tiene nada menos que 65 filiales a nivel nacional, ahí trabaja Nicolás Lucar, a quien conocí cuando visitaba con asiduidad “La República”. Esta tarde lo escuché llorar, derramó lagrimas por el exitoso monsefuano.

Higinio fue multifacético, un emprendedor nato, un hombre con una envidiable memoria y gran visión empresarial. Me alejé de él luego que el Ministerio de Transportes otorgó la licencia a radio La Karibeña, que inicialmente salió al aire desde la ciudad de Vitarte. Supe que había llegado el momento de encontrarme con mi propio destino. De Higinio solo tengo grandes recuerdos, palabras de agradecimiento. Vienen a mi memoria las reuniones con el extinto Elmer Yaipén, con el paisano Julio Gonzales, propietario de panetones “Don Julio”. “Higinio es ejemplo de la juventud, un monsefuano ejemplar, un peruano inolvidable”, recordó Julio Gonzales.

Higinio Capuñay, Julio Gonzales y su esposa Polita, durante una fiesta en Huarmey.

Higinio Capuñay ha dejado un gran legado y el reto de Esther, su hija mayor, es grande. Alguna vez Higinio me confesó que tenía grandes esperanzas en ella. Por eso la hizo estudiar en la universidad de Lima, porque según admitió, debía prepararse para los retos del futuro. Mis bendiciones para Esther y sus hermanos.

Higinio Capuñay ha dejado de existir. En memoria de este gran monsefuano  dejo una frase de John Rockefeller: “No creo que exista ninguna otra calidad tan esencial para el éxito de ningún tipo cómo la calidad de la perseverancia”. La perseverancia y la constancia fue su norte. Adiós amigo y paisano Higinio. Gracias por tus enseñanzas. (Luis Castro Gavelán)


miércoles, 22 de julio de 2020

Los Boy Scouts de Monsefú…”siempre listos”


Escribe:
Luis A. Castro Gavelán

La mayoría anda por base cinco, muchos ya superaron el medio siglo de vida. Esos jóvenes eternos de espíritu llevaban por frase “Siempre listos” y pertenecían a una agrupación internacional que en Monsefú dirigió el hermano cristiano Diego Gloss. Los Boy Scouts rotularon la vida de muchos monsefuanos.

Eran los años 70, los hermanos cristianos marcaban la pauta en la vida de los jóvenes de esos tiempos que participaban de los grupos de oración.  Además, unos practicaban karate con el hermano Eduardo. Otros disfrutaban jugando al baloncesto con Javier Sullivan y la tía Colomba Vasallo. Y un grupo mayoritario estaba inmerso en algún deporte, pero también integraba aquella organización que nació en Irving, Texas, fundada por William Boyce y Ernest Thompson.

Todos los sábados nos reuníamos en el colegio San Carlos o en la casa de Los Hermanos Cristianos. Era un ambiente de jolgorio y camaradería, cantábamos y desarrollábamos actividades al aire libre aprendiendo a sobrevivir en circunstancias adversas. Los jóvenes, el futuro de Monsefú, anhelábamos vivir en un mundo responsable, desarrollar aptitudes propias de los “chicos exploradores”, con honestidad y civismo. Por algo habíamos hecho el juramento “Por mi honor, yo haré todo lo posible para cumplir con mi deber hacia Dios y mi país; obedecer la Ley Scout para ayudar a los demás en todo momento; para mantenerme físicamente fuerte, mentalmente despierto y moralmente recto”.

Con una pañoleta característica, amarilla y marrón; pantalón jean y una camisa beige, los Boy Scouts estuvieron a la altura de las circunstancias. Éramos niños, jóvenes y adultos sin maledicencias ni apatías; al contrario, éramos personas que irrumpíamos reclamando un papel en el presente y seguros de erigirnos en promesas del futuro.

Muchos de los integrantes de la Tropa Scout Nro. 198 tenían innatas cualidades. Solo buscaban las oportunidades necesarias para potenciar esas capacidades y habilidades. Como decía el empresario John Rockefeller, “lo importante para un joven es establecer su carácter, una reputación y un crédito”.

Durante la celebración de la primera FEXTICUM, en 1973, los Boy Scouts estuvieron presentes en dos actividades, tal como recordó el hermano Diego Gloss, quien actualmente labora en un colegio de Lima y disfruta de sus 80 años “Nos pidieron cuidar las joyas y ornamentos del Señor del Cautivo que se exhibían para los turistas, y por otro lado, nos encargamos junto a la policía, de controlar el tráfico de carros que entraba y salía de la ciudad”, recuerda el siempre ponderado Diego. Los Boy Scouts también tuvieron activa participación en muchas actividades en beneficio de la ciudad, entre ellas la pavimentación de calles como Mariscal Castilla, 7 de Junio, 28 de Julio, María Izaga; la limpieza de las calles y el parque de la ciudad,etc.
Una labor a favor del pueblo. Podemos ver a los integrantes de la Tropa Scout 198 en acción

Sus orígenes. -  En 1972, un grupo de jóvenes Boy Scouts de Chiclayo llegó a Monsefú para desfilar. “Nos impresionó su gallardía, su nobleza y compromiso”, refiere Walter Salazar, hoy médico veterinario, quien estaba al lado de su “collera”, entre ellos Pablo “colambo” Custodio, Marco Chafloque, Gustavo Casas, Matías Montalván, Miguel Llontop, Francisco Uceda, César Incio, Lucio Reyes, Tomás Farro, Jorge Llontop, el popular “guineo”, Carlos Senmache “pirulo”, entre otros. En ese mismo momento se acercaron a los “chicos exploradores” y preguntaron por los requisitos para formar un grupo en Monsefú.
“Nosotros recién habíamos terminado la secundaria y queríamos invertir nuestro tiempo en algo importante”, dice Walter Salazar, quien recuerda su inicial decepción, al recibir la noticia que por la edad que representaban, no podían ser Boy Scouts.

Pero luego recuperaron el dinamismo al escuchar que podían formar el Clan Rovers, destinado a jóvenes entre los 17 y 21 años. “Yo conocía a todos ellos porque practicábamos baloncesto y me pidieron apoyarlos en esta iniciativa. Acepté sin inconvenientes porque los conocía mucho y no me equivoqué, hasta ahora tengo comunicación con ellos”, refirió el hermano Diego Gloss, quien fue el primer director. Carlos Ballena fue nominado jefe de clan y Walter Salazar García se erigió como el subjefe.

Asignada la primera directiva del Clan Rover se dio inicio a la búsqueda de un nombre. A muchos les gustó “Los Camarones” y cuando fue planteada la propuesta al hermano Diego, se opuso porque él ya dominaba bien el español y se había enterado que “camarón” le decían a la persona que ingresaba a las fiestas sin invitación. Entre risas, los Rovers aceptaron el cambio y se bautizaron como “The shrimp”. Era el mismo apelativo, pero más estilizado, traducido al inglés.
Hermanos Diego Gloss y Javier Sullivan en foto reciente

Meses después se formaron los Boy Scouts para adolescentes entre 11 y 17 años, y posteriormente las “chicas guías” y los Lobatos, los niños de 7 a 11 años (fueron dirigidos por Orfelinda Sierra y la querida tía Colomba Vasallo). “Para mí fue algo muy lindo, siento que hice algo diferente, aprendimos a hacer fogatas, perfeccionar nuestro carácter, conocer técnicas de sobrevivencia, compartir con mis amigos”, rememora Jorge Chafloque Vasallo, el popular “Cucho”, radicado en Argentina.

A muchos les gustó “Los Camarones” y cuando fue planteada la propuesta al hermano Diego, se opuso porque él ya dominaba bien el español y se había enterado que “camarón” le decían a la persona que ingresaba a las fiestas sin invitación. 

Los cachorros, Los toros, Los lobos, Los tigres, Los panteras, fueron algunas de las patrullas (grupos de 5 a 8 personas) que se formaron con jóvenes impetuosos que aprendimos técnicas del escultismo, aprendimos a valorar la vida, participar de campamentos, hacer cabañas, amar la naturaleza, realizar tareas del hogar y participar voluntariamente en actividades solidarias a favor de las personas necesitadas.
Uno de los scouts entrevistados recordó un campamento realizado en Pomalca, donde había mucha caña de azúcar. Muchos integrantes de las patrullas se apoderaron de decenas de esos dulces bambús, y por la noche, comieron tanto que, más de una veintena de “chicos exploradores”, terminó con dolor de quijada. Habían mordido y masticado demasiada caña que terminaron con las mandíbulas duras, con mucha dificultad para accionarlas.
"Cucho" Chafloque y Walter Salazar

El destino de los Boy Scouts estuvo marcado por la aparición de la dictadura del General Juan Velasco, reacio a convivir con algo o alguien de procedencia norteamericana. Su régimen político le bajó el dedo a esta organización nacida en Estados Unidos, tan igual como ocurrió con los primeros “chicos exploradores” que tuvo Monsefú.

Los Boy Scouts del hermano Diego Gloss fueron la versión moderna. Esta agrupación ya había existido por iniciativa de mi abuelo Federico Castro, allá por los años de 1925. Los estudiantes del quinto de primaria de la escuela “Sabogal” fueron los primeros integrantes, como podemos confirmar con una gráfica muy antigua.  Esta brigada dejó de existir durante la junta militar de gobierno del general Manuel Odría.
En 1925 se fundó la primera organización scout. La mayoría era procedente de la escuela "Sabogal"
Hay una frase que el hermano cristiano Diego Gloss dijo y encierra aquellos añorados días de los Boy Scouts “Aprendimos a valorar a la gente, aprendimos que se puede progresar cuando trabajamos mano a mano” (LCG).

sábado, 11 de julio de 2020

“13 brasas” y la gastronomía de Monsefú




Escribe:
Luis A. Castro Gavelán.
Que el Padre creador fue por demás benevolente con Monsefú y nos regaló una variada gastronomía, eso nadie lo duda. Y para complementar esa generosidad también nos regaló tierras fértiles para cosechar frutas, verduras y legumbres; así como hombres y mujeres que jamás se morirán de hambre porque tienen manos diestras para elaborar exquisitos platos culinarios. Qué esplendidez la del divino hacedor.

El empujoncito que necesitaba nuestra gastronomía lo dio la Fexticum, con la sabia iniciativa de los fundadores, los directores de los centros educativos que exhibieron nuestros platos bandera. Esto ocurrió en julio de 1973, hace aproximadamente unos 47 años. A partir de ahí empezaron a surgir decenas de restaurantes no solo en el centro de la ciudad, sino también los caseríos. La gastronomía pasó a ser una fuente de ingresos económicos para los monsefuanos.

Este comentario lo hago como preludio a las expresiones que deseo ofrecer sobre el restaurante “13 brasas”, ubicado en Madrid, España, de propiedad de un monsefuano, que empieza a forjar su destino bajo los mejores auspicios. En apenas 15 días el restaurante de mi hermano Rubén Castro está consolidando sus objetivos. Los comentarios sobre la comida y la atención son favorables. ¿Entonces, Rubén está teniendo buena suerte?

Es posible, pero aquí hay otros ingredientes que deseo compartir con todos mis hermanos monsefuanos, especialmente quienes están vinculados al rubro de la gastronomía. La tenacidad y el espíritu de lucha debe ser constantes. Además, Rubén no estuvo solo, contó con el respaldo de toda la familia, gozó de las oraciones y buenas intenciones de los miles de paisanos monsefuanos, y de muchos amigos. Mi página de Facebook es testigo de excepción de indulgentes comentarios y afables vibras. Muchos asimilaron el proyecto como suyo. Incluso fueron de las palabras a los hechos, como César Flores de radio “La Norteña”, que grabó un comercial y hasta ahora lo propala por su radioemisora.


Por otro lado, hay algo esencial, digno de ser destacado. Cocineros peruanos y españoles no cicatearon sus consejos. Fueron indulgentes para compartir sus experiencias, sus recetas para elaborar el pollo a la brasa, el lomo saltado, ají de gallina, los ceviches y tantas delicias que tiene la cocina peruana. Este hecho tiene para mí el objetivo primordial de esta crónica. Al carajo los celos y envidias. Lo que está pasando con “13 brasas” ratifica aquello que ya ha consolidado Gastón Acurio: las ambiciones y codicias no tienen lugar cuando pretendemos triunfar.
El exitoso Gastón Acurio organizó una agrupación de chefs que redundó en Mistura, la feria gastronómica de fama mundial que aún no toca techo.  Entonces mi pregunta se cae de madura: ¿Por qué los propietarios de restaurantes y picanterías de Monsefú no estructuran una asociación para trabajar de forma mancomunada, sin recelos ni golpes bajos?


 Si los propietarios de negocios gastronómicos se unen, Monsefú podría consolidarse en un emporio de las comidas típicas del norte del país y todos saldrían ganando. El turista vendría directamente a Monsefú y el beneficio redundaría en todos los aspectos: económico, laboral, social, familiar. Nuestro distrito también saldría ganando porque estoy seguro que los empresarios y expositores del arte culinario monsefuano ayudarían a implantar mayor seguridad en las calles, mejorarían el ornato de la ciudad, etc.

Cuando pregunté a mi hermano Rubén el buen comienzo de “13 brasas”, no dudó en confirmar que la limpieza y excelente presencia del local es importante. Luego combinar la buena elaboración del plato con una prolija decoración al momento de entregarlo al cliente. A continuación, el servicio tiene que ser de calidad, con meseros respetuosos y atentos.

Rubén también corroboró el fuerte impulso que le dieron los comentarios de los paisanos. “Es increíble, estoy muy agradecido con mi familia pequeña (los Castro Gavelán) y mi familia grande (los miles de monsefuanos que se identificaron con su proyecto). Me sentí privilegiado por tantas bendiciones y buenos deseos. Estoy eternamente agradecido con mi gente, amo a mi Monsefú”. Rubén se siente identificado con lo expresado por la norteamericana Margaret Carty “lo más hermoso del trabajo en equipo es que siempre tienes a otros de tu lado”.

Monsefú tiene una gastronomía que cautiva. “13 brasas” ha tomado ventaja de esa fama. Los potajes como la carne seca, arroz con pato, los ceviches. O tal vez unos chicharrones de chancho con sus camotes fritos y ese pan especial que solo Monsefú lo saben hacer. Guarde estómago, porque también hay pepián de pavo, arroz con pato, panquitas de lifes, espesado, tortilla de raya, parihuela de mero…etc. tantos platos deliciosos que los turistas terminan extasiados.

Nuestra propuesta está sobre la mesa, esperando que la acojan nuestros empresarios gastronómicos. La unión hace la fuerza. Juntos somos más porque trabajar en equipo nos aproxima hacia una visión común. Me despido con una frase de la poetisa Jasleen Kaur Gumber, de India. “Este mundo no es un campo de batalla. Algún día te darás cuenta de cómo tu éxito depende de un montón de otras personas y ese día serás más sabio. Tú sabrás que todos estamos conectados. O lo hacemos todos o ninguno de nosotros lo hace” (LCG).

domingo, 21 de junio de 2020

Manifiesto a los hijos de mi amado Monsefú





Este manifiesto va dirigido a mis paisanos y vecinos de Monsefú. Represento a muchos de los cientos de monsefuanos que por razones profesionales y laborales vivimos lejos de la “patria chica”, y que sentimos una mezcla de tristeza, preocupación e indignación por lo que acontece. Quienes vivimos lejos de Monsefú jamás hemos dejado de pensar y recordar nuestra ciudad, ese terruño que nos arranca a diario un suspiro de añoranza.

Hace 18 años, Monsefú inició una curva descendente, una evolución negativa que preocupa. Nuestro pueblo está trunco, su desarrollo ha quedado empantanado y las razones saltan a la vista. Nos hemos acostumbrado a nominar autoridades, verdaderos embaucadores que hacen prevalecer sus intereses personales, muchas veces colindantes con la mezquindad y que convierten sus promesas electorales en meros cantos de sirena.
Pero esas autoridades jamás habrían salido elegidas si no hubiera imperfecciones en el sistema democrático. Entonces nosotros, como electores, no hemos hecho nuestra tarea, la de elegir con aséptico nivel de conciencia. Incluso algunos paisanos tuvieron la infausta decisión de comprometer su voto por prebendas.

Cuando los alcaldes asumían labores sin remuneración alguna, es cuando logramos éxitos que nos encaminaron a soñar en una futura provincia lambayecana. Aquella generación brillante que nació entre los años 1920 y 1950 dio su tiempo a favor de la “patria chica”, jamás percibieron algún salario, fue suficiente su inmenso amor por Monsefú. Fueron los hijos epónimos a quienes admiré en mi niñez.

A partir de la decisión del gobierno central, de pagar honorarios a los alcaldes y demás autoridades, apareció una retahíla de personas que no solo se benefició de los emolumentos, sino que tomó el sillón municipal para protagonizar desatinos que han sumido a Monsefú en un estado de inactividad y somnolencia. Nuestro pueblo está postrado en la sala de cuidados intensivos.

Ese letargo persiste con la nueva autoridad. Su nominación nunca me inspiró confianza. A día siguiente que ganó las municipales del 7 de octubre del 2018 dije en una de mis crónicas que “Pisfil Míñope no es mudo de nacimiento ni tampoco tiene cierta discapacidad en sus cuerdas vocales. Es insonoro por naturaleza, su aspecto es liso, pasa desapercibido y tiene una personalidad introvertida que nos hace dudar de su futura labor edilicia en un mundo donde triunfan los extrovertidos”.  

Y mi preludio se hizo realidad, el actual alcalde es la autoridad ausente, ha perdido todo tipo de representatividad. Su desproporcionada mediocridad ha hundido a la “Ciudad de las Flores” en un desgobierno que ha originado la execración de muchos monsefuanos, como podemos corroborar en los comentarios aparecidos en la página de Facebook de “Crónicas de Monsefú”.  Casi el 99% de esas opiniones cuestionó al alcalde. La decepción que provoca esta autoridad está impregnada de indignación. En el seno municipal hay empleados que renuncian impagos, personas que se conmocionan por su imprudente trato, por el irrespeto que evidencia en sus actos.

Cual energúmeno, no acepta asesoramientos, vocifera, es malcriado y se ufana de una posición que solo durará 4 años. Incluso, anda distanciado con su partido político, no admite sus errores. Es quisquilloso, se exalta tanto que su jugo biliar lo tiene dominado, sus arranques hepáticos exacerban los ánimos de la sociedad civil. Y las consecuencias de su funesta gestión nos perjudican. Monsefú sobrevive, se encuentra en un estado de inanición, endeudado, sin obra de planeamiento, sin mayores obras de infraestructura, con cámaras de vigilancia inservibles; con pobladores que sufren mezquinos servicios de agua, desagüe y energía eléctrica y al no llevar “bien puestos los pantalones”, no reclama por mejores servicios ante las empresas pertinentes. Todo este panorama ha empeorado, la aparición del covid-19 y su nefasto gobierno municipal han logrado una perfecta cópula en desmedro de la “patria chica”. Todo es un pandemónium.

¿Merece ser defenestrado? por supuesto que sí. La Ley 30315 que habla sobre los derechos de participación y control ciudadanos lo especifica. Y hay tres fórmulas inmediatas para lograrlo:

A). Alentar su revocatoria. Para ello necesitamos recolectar firmas, correspondiente al 25% de los electores. En Monsefú hay 26,934 electores hábiles. Aquel 7 de octubre del 2018, el Apra ganó con 5,173 votos. En la situación que experimentamos, con confinamientos y recojo de firmas, su correspondiente verificación por parte de RENIEC y otras gestiones adicionales va a resultar un proceso tedioso.

B). Promover su vacancia, que puede darse luego de una sesión extraordinaria con el voto aprobatorio de dos tercios del número legal de sus miembros. Nuestro municipio tiene 7 concejales o regidores. Ellos son: Mary Julia Peña Salazar (APRA), Jorge Yocya Lluén (APRA), Raúl Túllume Pisfil (APRA), Jesús Míñope Muga (APRA), Manuel Mechán Cornejo (APRA), Sabino Flores (PL), José Mercedes Montalbán Santisteban (SN) De ellos depende una rápida solución. Decía el recordado Martín Luther King “no me preocupan los violentos, los miserables sin escrúpulos y los que carecen de ética, me preocupa el silencio de las personas buenas”. Y a ellos me dirijo, a ejecutar un examen de conciencia. He visto la foto de los regidores y estoy convencido que Manuel Mechán fue mi alumno, y yo le enseñé a hacer cosas buenas.

Foto: diario "La Industria"

C). Acelerar su remoción por malos manejos, llámese apropiarse de lo ajeno utilizando su posición. Ya tiene denuncias, vamos a invitar a los monsefuanos abogados a investigar por lo menos esos dos casos ya establecidos. Además, podemos instar a algunas damas que trabajan en el municipio a entender que el acoso está penado y que pueden hacer su denuncia. Tengo fundadas esperanzas en estas mujeres, quienes con coraje moral pueden confrontar a los desatinados.   

Mis queridos paisanos. Agradezco mucho sus pronunciamientos, sus comentarios y anhelos. Pero al tiempo que este manifiesto es para inventariar nuestras desgracias, es también para autoanalizarnos, que cada uno, ciudadanos de a pie, compruebe que podemos revertir esta tribulación que nos pasma y dista con lo malsonante.
Influenciado por Aristóteles, el irlandés Edmund Burke dijo alguna vez que “todo lo que se necesita para que las fuerzas del mal se apoderen del mundo es que haya un número suficiente de gente de bien que no haga nada”. Y ustedes han dado muestras que no son de ese grupo. Yo los insto a una vida más digna para nosotros y nuestras generaciones. Por ese amor a nuestro “pedacito de cielo” vamos a bajarnos de esa inmensa platea y cimentar el legado de Diego Ferré y Manuel María Izaga. No hay pretexto para la abstención.

No sé cuál de las tres fórmulas funcionará, voy a escuchar opiniones, pero de lo que estamos seguros es que debemos defenestrar a ese individuo que hasta sus propios paisanos de Chacupe deploran por sus ignominiosas mentiras y su escasa sensibilidad. “Es egoísta, malo, lo hemos visitado en el municipio y no nos recibió, nos dejó plantados, se escapó por otra puerta”, manifestó uno de los conciudadanos que ya tiene listo el mamífero équido llamado burro.

Quiero decirles, estimados paisanos, que infortunadamente sus intenciones y las mías no irán a buen puerto si no somos conscientes que las personas que demandamos un cambio, estamos en minoría y jamás podremos ganar las elecciones o cualquier destitución del alcalde. Somos pocos en número, pero poderosos si logramos difundir ideas y clarificar proyectos de fondo. Para nuestra desazón, hay una mayoría de monsefuanos que ha sido contaminada por los embaucadores políticos, quienes utilizan el hambre y el analfabetismo para sus desproporciones. Nuestra labor inmediata es educar, que cada uno de nosotros nos empeñemos en ser mejores padres o madres, que estemos comprometidos con la educación de nuestros hijos, que preparemos mejor a las nuevas generaciones, que sepamos que, una vez acabada una elección debemos despojarnos de nuestros partidarismos políticos y que la única camiseta a exhibir sea la de Monsefú.

La cultura cívica es vital. Que exista el compromiso que vamos a persuadir a cinco o diez de nuestros vecinos para no arrojar basura a la calle, cuidar del ornato, promover el amor por nuestro terruño. Que vuelvan las mingas, como lo estimuló el padre Carlos Conroy. Decía el español Antonio Maura y Montaner que “la patria no existe sin el amor de sus hijos”.

Tengo la seguridad que muchos paisanos profesionales y con buenas intenciones van a secundar esta intención porque aman de verdad a Monsefú.

Queridos paisanos, Monsefú es la ciudad donde pasamos nuestra infancia, donde nacimos y nos criamos, donde nos hemos sentido felices; añoramos el parque, el viejo mercado, el Señor del Cautivo, las personas con quienes compartimos nuestras primeras vivencias, nuestras primeras cuitas y sensaciones de felicidad.

Vamos a ser sensatos y al mismo tiempo patriotas, asumamos el compromiso que prolijamente describió nuestro cosmonsefuano vate Alfredo Delgado Bravo: 

Monsefuanos al Pie de la historia
Bajo el ínclito Sol del Perú
Elevemos este himno de gloria

Por un nuevo y mejor Monsefú.



viernes, 12 de junio de 2020

La muerte ronda, Monsefú siente aflicción


Escribe: Luis A. Castro Gavelán
Nos estamos acostumbrando a llenar las plataformas sociales de mensajes de condolencias. La muerte y su inefable guadaña acechan con su infausto proceder, arrebatando hombres y mujeres que aún no han terminado de construir su legado y que deseaban seguir compartiendo con sus seres queridos.


Lucho Gonzáles, Eugenio López, Ethel Niquén, Pedro Llontop, Gilberto Chanduví, Marco Chafloque.

Agustín Chavesta

De repente muere mi compañero de promoción, el buen Agustín Chavesta Cornejo, un fotógrafo que radicaba en Cajamarca y que hace apenas dos días había comentado en mi página de Facebook, su tristeza por el deceso de Marco Antonio Chafloque Custodio.

Agustín posee un interesante material gráfico de Monsefú que no debe extraviarse, era el recambio generacional de José Ferré Vílchez, Eugenio Reyes Flores y Juan Farro Capuñay. Muchas de sus fotos aparecen en el libro de mi padre “Monsefú, memorias de un pueblo líder”. Espero que alguien de sus familiares valore ese legado fotográfico.

Hace unos días también sentimos el deceso del contador público y eterno auxiliar de educación Marco Chafloque Custodio, popularmente conocido como “Maico”. Su labor en el colegio Diego Ferré fue encomiable. Gracias a él, a su tolerancia y paciencia, decenas de alumnos cambiaron sus equivocados rumbos. Tenía el consejo oportuno y sabía cómo convencer a esos adolescentes zafios.

Por supuesto que algunas palabras de reconocimiento van para el periodista Lucho Gonzáles Llontop. Fue honesto e independiente. Siempre matizó sus labores profesionales como abogado, con la dirección de su “Matutino del aire”, programa que algunas veces escuché para informarme del acontecer local y regional.

Ha dejado la vida terrenal Eugenio López Pisfil,”geño” para sus amigos. Recio defensa central en sus tiempos de juventud, plasmó una actividad pedagógica que muchos reconocen.  Días después también falleció otro deportista ejemplar. El popular “manco” Gilberto Chanduví, dueño de una envidiable trayectoria deportiva. Su olfato goleador lo llevó a ser la estrella indiscutible del club Independiente (1957) cuando apenas era un adolescente, y tres años más tarde fue campeón olímpico departamental con el elenco rojo. Tuvo una agitada vida deportiva con el José Pardo de Tumán, San Lorenzo de Almagro de Chiclayo, Estudiantes de Pimentel, e incluso el equipo profesional del Defensor Lima, de la capital de la república. Cuando “colgó los chimpunes” se convirtió en un reconocido profesor de educación física.

Muchos lamentamos también la muerte del honrado, íntegro y siempre activo dirigente político que muchas veces fue concejal de la municipalidad de Monsefú. Nos referimos a Pedro Llontop Galarreta. Aprovecho para expresar mis condolencias a Pedro y Margarita, mis amigos de generación. También a sus otros hijos y familiares.

Las siguientes líneas son para evocar a doña Ethel Ñiquén, aquella mujer que con su sonrisa afable se granjeó el cariño de sus decenas de clientes. Vendía el pollo con “yapa” y además contaba sus chistes que hasta su propia “competencia” reía a carcajadas. Era de inmensa alegría visitar su puesto en el mercado de Monsefú.

Ya no están con nosotros el carpintero Humberto Puicón Cuyate, el maestro constructor Manuel Bernabé, el músico saxofonista Walter Custodio, don José Santos Valencia, Pedro Salazar Rodríguez y otros monsefuanos más que nos llevan la delantera.
Quiero aprovechar esta crónica para compartir con ustedes, queridos lectores, una reveladora encuesta que el afamado diario estadounidense New York Times ha hecho a 511 científicos de todo el mundo, la totalidad de ellos epidemiólogos y especialistas en casos de infección. A propósito de la reapertura paulatina de muchos negocios y la posibilidad de flexibilizar el confinamiento, estos científicos han opinado acerca de los riesgos y expectativas de sociabilizar, guardar distancia social y llevar a cabo actividades que actualmente evitamos por miedo al contagio.

Las preguntas hechas por los periodistas del New York Times son las mismas que ahora intentamos alguna sabia contestación con sabor a consejo. Aunque sus respuestas no son directrices ni mucho menos infalibles, la posibilidad de una segunda ola de infecciones es latente y por eso merece de vuestro agudo análisis. En Perú empieza la temporada del frío y el virus puede camuflarse como un simple resfriado. Tiene dudas sobre sus futuras actividades a ejecutar, tal vez aquí va a encontrar algunas explicaciones a sus vacilaciones.

Quiere usted asistir a un funeral, desea participar de un evento público, dejar de usar la mascarilla, comer dentro de un restaurante, viajar en avión o autobús, abrazar o dar la mano a alguien…aquí puede usted encontrar eco a sus interrogantes.



La científica Ayaz Hyder, de la Universidad Estatal de Ohio, dijo que “El equilibrio entre las prácticas laborales, de salud pública y las obligaciones sociales y religiosas me ha abierto los ojos y me ha hecho ser más humilde como académico”, explicó. Muchos epidemiólogos dijeron que puede que nunca vuelvan a saludar a otros de la misma manera. El 42 por ciento de los encuestados manifestaron que no daría abrazos ni la mano durante más de un año y el seis por ciento sostuvo que jamás volvería a hacer ninguna de las dos cosas. Eduardo Franco de la Universidad McGill de Montreal reconoce que, “la peor víctima de la epidemia es la pérdida de contacto humano”.

Todos los datos están en porcentajes. Decía Isidoro de Sevilla, el erudito católico, que “ la prevención atenúa las molestias futuras; la previsión suaviza la llegada de los males” (LCG)    





domingo, 31 de mayo de 2020

Una imperdible anécdota sobre la inauguración de la carretera Larán- Monsefú


Cuando estaba a punto de ser inaugurada la carretera Larán- Monsefú, la única vía que nos comunicaba con el mundo exterior, algo sucedió a escasos días de la ceremonia que se cumplió el 3 de marzo de 1958. Esta es una historia que involucra a las autoridades edilicias de ese entonces, y a personalidades que estaban cerca del poder. Es un hecho anecdótico que pocos monsefuanos conocen y que ahora vamos a revelar. Muchos de los protagonistas como José Dolores Soto, Bartolomé Burga, Teodoro Flores Atencio, José Alfredo Delgado Bravo ya no están con nosotros; tampoco está el presidente del Perú de ese tiempo, don Manuel Prado Ugarteche, personaje principal de esta historia.


El presidente Manuel Prado y nuestro alcalde Bartolomé Burga en Palacio de Gobierno (1957)

Escriben:
Luis A. Castro Gavelán
Walter Llontop Relúz

Aquella tarde de 1957 fue memorable para los monsefuanos. El alcalde de Monsefú, Bartolomé Burga Gonzales, fue recibido en Palacio de Gobierno por el mismísimo presidente peruano Manuel Prado Ugarteche. Fue un gesto inolvidable del mandatario que accedió a recibir a la comisión de personalidades de la “Ciudad de las Flores”. Con sus mejores galas y aún nerviosos por la innata posibilidad de pararse frente al poderoso jefe de estado, los nuestros tenían una triple misión: desbordar simpatía, convencer y presionar para que en ese mismo momento se consiguiera una estimulante respuesta: la aceptación de un presupuesto para la construcción de la carretera Larán- Monsefú.

Eran los tiempos en que las autoridades ediles no se elegían por voto secreto y universal. Simplemente se escogía a una personalidad de la ciudad para ejercer el cargo de alcalde. Todo era por “amor al arte”, sin compensación económica alguna; se trabajaba por predilección, por ese inconmensurable apego a la santa tierra. El Perú era gobernado por Manuel Prado, quien en su segundo mandato intentaba dar prioridad a la educación y la construcción de vías de comunicación para descentralizar el país.

Monsefú tenía muchos profesionales que destacaban en el acontecer nacional y por ello se hicieron menos estresantes las coordinaciones para pedir al gobierno central algo que clamábamos a gritos, una carretera que permitiera el acceso a la Panamericana Norte, a Chiclayo y muchas ciudades cosmopolitas de la nación. Hay quienes afirman que el congresista Armando de la Flor Valle, quien esos momentos era el tesorero del Congreso de la República, también intercedió a favor de Monsefú.
El profesor Santiago Burga estaba investido de alcalde de la ciudad y escogió como concejales a Graciano Lluén, a nuestro querido Oscar Kamt, aún con vida, Teodoro Flores Atencio, el poeta José Alfredo Delgado Bravo, Jorge Guevara Rojas y Artemio Santa Cruz (sobrino de las señoritas Santa Cruz, parteras de la época).

El cuerpo de concejales del alcalde Burga. Aún con vida nuestro querido Oscar Kamt, al lado de Teodoro Flores

El poeta Delgado Bravo y el propio alcalde Burga Gonzales dieron forma al petitorio y cuando estuvo listo, se recibió la noticia que no era necesario enviar por correo el documento. El presidente Prado, en persona, había consentido que una comisión de monsefuanos fuera a la “Casa de Pizarro” para entregárselo en persona.
El alcalde Burga encabezó la delegación y fue acompañado por varios de sus regidores. Para nuestros paisanos fue la ocasión de atisbar las excentricidades que ofrece la “Casa de Pizarro”, tener la experiencia de penetrar los ámbitos del poder político, percibir los avatares y el inextricable mundo del Poder Ejecutivo.

La reunión se llevó a cabo. El alcalde Burga, al comienzo con voz trémula, entregó al presidente Prado artesanía elaborada por mujeres monsefuanas y el mandatario al observarla, quedó fascinado con el sombrero y un paño de hilo. La conversación se tornó mucho más animada y en ese mismo momento el jefe de Estado prometió presupuestar la obra y culminarla en menos de un año, comprometiéndose además a inaugurarla personalmente.

La comisión de monsefuanos salió de Palacio de Gobierno en medio de una algarabía frenética. La felicidad embargaba a todos, incluso a Oscar Kamt, que tiene los ojos rasgados por naturaleza, no se le veían los ojos al sonreír. Todos estaban embelesados.  

Y la obra empezó a ejecutarse. Hubo trabajo para muchos paisanos; máquinas excavadoras, tractores y motoniveladoras se veían a lo largo de la incipiente vía que iba a significar un gran paso para la modernidad de la ciudad.
El profesor Santiago Burga era la “vedette” del momento. Todos lo felicitaban y reconocían su labor. La carretera Larán- Monsefú era un sueño anhelado y para muchos, su labor edil fue determinante.

Los días pasaron y la vía fue tomando cuerpo. Entonces todo quedó listo para su inauguración. Se hicieron las gestiones pertinentes y el presidente Manuel Prado ratificó su deseo de estrenar la obra de infraestructura. Una ceremonia por todo lo alto que terminaría con un gran banquete en el acondicionado mercado de abastos.

El 24 de septiembre de 1957 llegó a Monsefú en misión proselitista el líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre. La “ciudad de las flores” tenía una arraigada militancia aprista, tal vez una de las más importantes en el departamento. Por eso el caudillo aprista decidió visitar Monsefú. Y Bartolomé Burga, reconocido simpatizante del Apra y alcalde de la ciudad, estaba entre la espada y la pared. Debía escoger entre rendir honores a su líder Víctor Raúl o minimizar su presencia.

A nivel nacional se conocía la enemistad entre el presidente Prado y Haya de la Torre. Después de haber llevado adelante unos proyectos políticos juntos, ahora eran enemigos acérrimos. El alcalde Burga conocía ese antagonismo y tenía que hilvanar fino para evitar alguna indisposición con el mandatario de turno.

Teodoro Flores Atencio, un sastre que manejaba los hilos y las telas tan bien como los entretelones de la política, estaba al tanto de la encrucijada que vivía su compañero de partido. Este extinto personaje hizo algunas revelaciones a su gran amigo Walter Llontop Relúz. “Bartolo estaba presionado. Llamaron desde Lima para pedirle al alcalde que no podía desairar a nuestro líder y debía recibirlo con todos los honores. Pero también otros políticos que no eran aprista lo coaccionaban porque querían evitar algún hecho desdeñable que estropeara la relación con el presidente Prado”, habría confesado Teodoro Flores.

Finalmente, más pudo su corazón aprista y Víctor Raúl Haya de la Torre fue recibido por el burgomaestre Burga. A las 4.55 de la tarde lo condecoraron, se le entregó las llaves de la ciudad y se le declaró huésped ilustre. Fue una actividad proselitista y masiva que llegó a oídos de las autoridades departamentales y nacionales.
En las siguientes semanas las relaciones con el gobierno central se resquebrajaron. Algunos atisbos de venganza empezaron a surgir, detrás de bambalinas los dimes y diretes estaban a la orden del día. Aciagas decisiones que aparecían como rumores se hicieron realidad.

            Gracias a una colaboración de Lucho Custodio Diez, mostramos el documento emitido por la Municipalidad de Monsefú. Se aprecia la firma de Víctor Raúl y de otro líder aprista,Andrés Townsend

A escasos diez días para la inauguración de la anhelada carretera, Bartolomé Burga fue citado a las oficinas del prefecto, representante político del presidente en el departamento de Lambayeque. Las explicaciones que dio Burga fueron vanas y estériles, fue canibalizado por su accionar. Le bajaron el dedo y al día siguiente salió una resolución que lo cesaba como alcalde.

José Dolores Soto fue el reemplazante, apareció en las fotos como el alcalde del estreno. El presidente Prado desistió venir a Monsefú y en su lugar llegó el premier de la República, el doctor Manuel Cisneros. La carretera Larán- Monsefú fue inaugurada el 3 de marzo de 1958. 

         El extinto presidente Alan García en Monsefú durante la reinaguración de la vía Larán-Monsefú

Y por cosas del destino, 49 años después, el desaparecido líder aprista Alan García, en ese entonces presidente del Perú, fue quien reinauguró la referida vía que con el pasar de los años necesitó de una remodelación. Ocurrió un 20 de abril del 2007 y para muchos apristas fue una forma de “lavarle la cara” a la decisión pardidarista del buen Bartolomé Burga (LACG).